sábado, mayo 28, 2011

Anoche



Anoche te vi de lejos
y quise poder alcanzarte
para robarte el último beso
que jamás me brindaste.

Defendía nuestro amor
con corazón guerrero
pero sin batalla que luchar
inválida me quedo.

El terror de un prisionero
me recorre visceral
estrujando mi corazón
cuando entro en el calabozo
de tu terminante adiós.

Cautiva sobrevivo
sin una gota de tu savia
solo lamiendo mi memoria
que inclemente no da tregua
cuando malherida y seca
me adhiero a la letanía
de lo único que me queda:
rezar a Dios que vuelvas.

Enmudecen mis gritos de auxilio
que ingenuos escapan
esperanzados de abrazar tus ecos
pero retroceden retorcidos
derrotados por el olvido.

Claudico ante el suplicio
de renunciar mis entrañas  
cuando destrozada imagino
la especial belleza del rostro
y cuerpo que hoy te ama.

Vestirán mi esclavitud
harapos de bandera blanca
 porque jamás te olvidaré
y es que no dejaré de amarte
aunque me despojaste de vida
al asesinarme el alma.


P-Car

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