jueves, enero 12, 2017

Parábola poética

Al alba, un ave preciosa me dijo: vuela.
Le respondí: soy humana, no tengo alas.
Así siguió nuestro singular diálogo…
-¿Y entonces cómo es que yo,
que soy ave, te estoy hablando?
-Es que pienso eres una fantasía.
-Por lo mismo, entonces… vuela.
-No creo que pueda, es utópico.
-¿No dices que eres mujer de fe?
-Si, tengo fe, sueños y esperanzas.
-Entonces comienza a volar, ahora.
Cerré mis ojos y seguí escuchando…

 Por y para aquella ave mágica:


Cierro tranquila mis ojos
como me enseñó aquel ave.

Anulo mis odiosidades,
suspendo mis sentencias:
me quedo en total blanco.

La ensoñación me guía,
la amplitud me da fuerza,
la compleción me suspende,
el pasmo del todo me eleva.

No aspiro a ningún puerto,
en mi travesía no hay metas.
Solo avanzo, continúo mi viaje.

Desde lo alto veo con tristeza
poca agua en las cascadas
y sesgados los campos.

Gentes tiesas, difuntos danzando,
pequeños desdibujados de hambre.
Miradas desmayadas en los abismos,
intentos fallidos, miserias y llantos.

Con contradicción distingo
soledades, iras y arideces,
dentro de castillos de oro.
Veo el amor en un solitario.

Entiendo el ahora y mi hoy
unifico en una sola verdad
carencias, faltas y garbos.

Entiendo que para entender
debemos tomar distancia…
crear un espacio santo y puro
entre lo trivial y la eternidad.

Limpiar vanidosos ojos ciegos
y permitirnos miradas nuevas
llenas de percepción y perdón.

Debemos, en minutos de paz,
volar sin juicios, sin cargas,
sin pertenencias, sin sueños
más que el de comulgar…
pensamientos y sentimientos.

Visualizar nuestra misión
en forma cruzada y amplia:
honestamente, desde el alma.

En el cielo, muy cerca de Dios,
volar, volar humildes y llanos
para descubrir nuestros regalos:
su lealtad, su palabra, su legado.
Nuestros dones y debilidades:
nuestra bienquista libertad.

La libertad de hacer el bien o el mal,
la libertad de abrazar o despreciar,
la libertad de enmendar o pecar.

La libertad de sentir o paralizarse,
la libertad de seguir o rendirse,
la libertad de expresar o callar,
la libertad de querer o dañar.

Y desde el uno al todo,
la libertad de ser libre:
la libertad de amar.  

Amar el gran bien eterno,
de entregarnos, de donarnos,
proteger, cuidar y preservar,
de amar el preciado universo:
de amarnos como humanos.

Cuando aquella ave increíble se iba, le pregunté su nombre. Ella se detuvo en el aire, giró su cuerpo y abrió su plumaje descomunal. Me miró por última vez y me dijo: Soy tu poesía. Ya sabes, puedes volar cuando quieras, tu don dibuja tus alas, la fuerza te la da tu espíritu, tu motor es tu corazón, tu sabiduría está en tu mirada, lo que alcances lo guardará tu alma. Vuela, no tengas temor: Dios te cuida y te ama sin condiciones. No abandones tu vuelo: en tu esencia vibra la palabra y construir uno a uno tus versos, llenos de visión y vivencias, es la extraordinaria misión que tiene tu existencia. ¡Nunca dejes de volar! 



P-Car

2 comentarios:

  1. Tienes razón querida amiga y esa "ave", llamada poesía, va en nosotros y en cada alma y solamente tenemos que dejarla libre para que vuele y encuentre el cielo con sus sueños.
    Un abrazo y feliz día.

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  2. Si amigo, así es, quienes sentimos esa ave, con ganas de elevarse, volar, planear... debemos dejarla fluir, porque si no lo hacemos y queda atrapada, estaríamos truncando un bien que Dios nos regaló y una misión que solo El conoce su final.
    Un abrazo poético querido amigo, brillante poeta!!!!

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Mi cofre de tesoros!