Con su miel y un rayo de luna
el infinito incubó en mi pecho
la alegoría de ser feliz
y di a luz destellos
cuando mi alma fue de su mirada.
De pronto
mareada entre sus “te amo”
y su cuerpo frío
entendí con dolor supremo
que el poder del viento y la tragedia
en segundos
pueden llevártelo todo.
Pero mi sentir sobrevivirá
así el camino sea de púas
y el luto haya doblegado mis alas
hasta rozar el infierno.
Y porque ser poeta vale la pena
he de recuperar mi jardín de
versos
ornamentado
con brotes rojos de su recuerdo
y capullos blancos de los inviernos
que caerán en su tumba.
Sí
lloraré las lágrimas que necesite
para después de nadar los ríos de su ausencia
y apilar noches desbocadas de tiempo
respirar
y aprender a vivir
sin su rostro cada mañana.
P-Car
