Con aroma a soledad, hoy te vi,
tan cerca y tan lejos a la vez.
Tan del océano, tan del cielo,
tan de tu cuerpo, tan de mí.
El pedazo de arena que nos unía
vibró en indivisa melodía.
Quise decirte algo, pero no pude,
mis palabras se quedaron atrapadas
en la jaula de mi garganta
donde mora un viejo temor.
Entonces, con mis pupilas ávidas
me conformé con mirarte a los ojos
mientras te relataba mis eternidades
ayudada del silencio celeste
y el aire dorado.
¿Te volveré a ver
hombre solitario?
Sin ilusión pero con fe, escribo estos
versos
para que Dios los borde en tu corazón
y te lleve otra vez y siempre
-dulce y eternamente-
donde esté yo.
.
.
.
P-Car
Paty Carvajal-Chile
N°1707 – 14.11.2025
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será retirada de inmediato)

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