Un eclipse, un
gong, un silencio
y… un gemido
mortecino.
Es la musa que
agoniza…
desnuda de
prosas sedosas
en los labios
de la poeta.
Refugio de
versos donde,
desahuciado de
olvido,
temblando entre
rosas negras
se desangra un
beso…
clavado de
espinas.
Su debilitado alba
ha claudicado
sin luz ni pulso
ahogado entre sábanas
y lágrimas.
El malvís pide
a su ama
un poco de
agua
por su duro
emprendimiento
entre cielos y
vertientes
…sin hallar rastros
celestes.
Porque sin
esperanza
ella perdió su
anhelo más bello
en aquel falso
sendero
bajo estrellas
y lunas ciegas
y torturas que
ahuecaron su pecho
petrificando
por siempre
la cascada de
su alma.
Aún frescas
lloran
las huellas de
aquella poeta
que perdió por
siempre su sueño
y enterró su
musa, su beso,
su alba y su malvís
su alba y su malvís
en un desierto
de infértiles capullos
donde el
tiempo y el viento
harán lo suyo.
P-Car



