La primera vez que me miraste
pensé que las estrellas, delante de mis
ojos,
danzaban suspendidas en el viento.
La primera vez que enlazaste mi cintura
un susurro tibio de la eternidad
en mi piel… delineó primaveras.
La primera vez que besaste mis labios
me sentí plenamente feliz.
Entonces supe que
en lo único importante y verdadero
había triunfado.
La primera vez que me amaste
y te tuve amalgamado a mi cuerpo
acariciando toda tu piel
supe que eras tú y solo tú
la línea de aquel verso inexistente.
Aquel sin palabras
tan íntimo e infinito del alma
repleto de un transparente caudal
que por fin encontraba su corriente.
Te llevo en mí donde Dios me lleva
porque desde que te vi, te amé
y porque te amo y te amaré
mi vida entera.
P-Car

