Cuando te vi la
primera vez, quise saber quien eras, pero al acercarme más y ver el secreto de tus
ojos, supe tu identidad. Aquello que irradiaron, lo engasté en el fondo de mi
alma, en donde por siempre permanecerá.
En esa noche
sin par, el cielo se floreció en estrellas, justo cuando tú y yo intercambiamos
miradas, cual obra mágica del destino, al que jamás entenderé, que así como un
día tanto te da, otro te quita, sin jamás decir por qué…
Al pretender indagar en exceso, tu voz intencionalmente se detuvo y tus labios pronunciaron un beso que
aún perdura en mi boca. Fue el más hermoso silencio que jamás obtuve para mí.
Nuestro encuentro
fue más allá y más profundo que nuestras emociones primeras. Todo quedó
guardado en un rincón del corazón y del recuerdo, sin jamás sucumbir al desvanecimiento.
Jamás te
olvidaré, porque todo lo que sucedió entre nosotros fue especial y único, absolutamente
todo… Así sea que pasen infinitos años y sigan desfilando por nuestras
ventanas, los espacios vacíos que distancian cada vez más nuestros caminos.
Nunca olvidaré tu rostro, tus ojos, tu sonrisa, tu cuerpo, tu voz, ni menos… tu amor.
Eternamente tuya... Yo







