sábado, enero 31, 2015

Ojos turquesa


¿Qué eres, hombre de ojos turquesa?
Desde que tu mirada chocó con mi aura
la luna lagrimea al ocaso.

Cuando en tu rostro vi las estrellas
era el amor que te contemplaba.
Al brotar burbujas termales en tu piel
era la pasión misma que me deseaba.

Hoy, ya no eres adalid, rey ni poeta.
Nunca más me fue permitido
despertar entre aguas dulces del cielo 
y los atardeceres dejaron de ser
vino bruñido en mis labios.

Tu dual mirada fue la gran estafa.
Ella me habló del universo, del mar,
del amor en el reposo del arcoíris:
los más íntimos anhelos de mi alma.

Pero tú, así beses labios de luces
contienes en el corazón
un conclave de noches sin albas.

Eres - aunque mil veces lo reniegues -
oscuridad que no quiere aclarar.

¿Qué piensas?¿Qué sigue ahora?
Intuyo una debilitada barca sin playa
cargada de doloridos sueños de amor.

Así la trama, los pecados y el alma,
en noches templadas de soledades infinitas
desesperadamente busco tus óleos turquesa.

A veces, necesito sus sublimes mentiras.
A veces, en instantes como éste, otra vez,
quiero creerles.


P-Car

domingo, enero 25, 2015

Oasis púrpura

En ausencia de los astros
un gemir sin eco
se ha infiltrado en mi suspiro primero.
Me he rendido.

Borrada de ruta y reyerta
a la hora novata, mi verso,
se ha devalado en tu océano.
Apañada quedé
a un mar de silencios.

En este día sin clon
mi prosa eres tú.
Y durante estas horas extrañas
 mi poesía será la piel seca
de una lágrima sepia.

Porque solo por hoy
mi garbo es de tu esencia.
Del alba al ocaso
tu vacío tendrá una sazón.

Y al irse el sol
la noche se tornará en comienzo
y mi voz, levitando su última querella,
le murmurará a tu consciencia:

¿cuántos trozos más de vida
deben caer abatidos
- fríos, heridos, tristes, solitarios -
antes de que comprendas que
solo el amor
rebasa de aguas púrpura
el oasis del alma?


P-Car

lunes, enero 19, 2015

Un momento

Acércate un momento
luego de presentir tu corazón
el gemido de mi alma anhelante

Observa en mi ser
este rostro sin aura
mis manos sin puentes
y unos labios sin golondrinas

Ven… y por un instante
dame una fracción de tu tiempo
de aquel abundante tiempo
dueño y señor
de todas tus ausencias

No, no preguntes nada
tan solo anula la distancia
que necesito sentir y guardar
un último momento

lleno de aquella energía tan nuestra
por la que daría todos los otros momentos
aún no ciertos…
de mi tiempo en esta tierra

Es un preciado deseo sin sueños
…un infinito momento contigo
por el que daría todo lo que tengo

Una sublime intensidad
por la que daría…
mi vida


P-Car

domingo, enero 11, 2015

Presencia


Quiero ser la neblina
de días blancos de frío.

Observarte sin tiempo.
Me intuyas sin horas.

Ser tu pena, tu dilema.
Tu soledad rayana al vacío.

El proscrito ángel sin alas,
el sueño desvelado,
lo real sin utopía.

El abrazo más ausente,
la luna olvidada del eclipse,
el obsequio extraviado del sino.

Ya… no importa ¡es la vida!
pero quiero que me sepas cerca:
confiable, llana, tuya.

Ser para ti
silencio y presencia.
Un silencio que te habla
una presencia protectora.

En tu existencia, concebir karma.
Y en tu último instante,
sin tocar tu boca, besarte.

Un beso de labios etéreos
con un sabor dulce y eterno
de este amor infinitamente mío
que alguna vez fue…
nuestro.


P-Car

viernes, enero 02, 2015

De tanto en tanto

Alguna vez ven…
alma de mi alma.

De tanto en tanto
…sentirme quiero…
besando tus labios

y creída
ver palpitar tus sienes
mirando mi desnudez.

Ser puro sentimiento,
para ser de tus soles tántricos
bajo nubes abultadas de estrellas.

De tanto en tanto
vuela donde esta poeta
que hoy, más que antes te ama.

Te propongo una dádiva.
Hagamos una cita eterna.

Si te parece bien…
será cada luna llena
del resto de mi existencia.

Con ansia te esperaré…
alma de mi alma.

Te extraño.



P-Car

sábado, diciembre 27, 2014

Amor azul

Con infinidad en su inmaterialidad,
entre el cielo y el mar,
un sentir azul deambula.

Las olas lo hidratan
el amanecer lo ennoblece.

El sol lo apasiona
el ocaso lo fragiliza
la luna lo desviste.

Así hayamos fracturado el destino
porque creímos dejar de amarnos…
empoderando el abandono y el hastío
en esta amazacotada tierra de términos.

Así creamos que el silencio lo dice todo
y que sobreproteger nuestros egos
es mejor que donarnos al riesgo.

Así nos volvamos absolutamente locos
olvidando la dulzura de un beso sincero
y lo intrínsecamente perfecto que es
el amor para el alma.

Así llegue el alba sin emoción
en que simplemente ya no desee recordar
el color de tus ojos…

o que la nieve del corazón
congele nuestros cuerpos antes de tiempo
y demasiado pronto…
aquí ya no estemos…

mientras el universo esté vivo
existiendo un cielo y un mar,
con vehemente azul
- y cada siglo más -
nuestro amor sobrevivirá.



P-Car

lunes, diciembre 22, 2014

Usted y yo

Al inmolar su corazón
usted superó la materia.
Derrotó el dolor, 
la desesperanza.

Si algo se esfumó
fue lo malo de la vida.
Murió la muerte que lo sostenía.

Y su triunfo fue un infinito tesoro
desterrando de nuestro verso
la distancia y el tiempo.

Ahora, entre usted y yo
nunca más se irá la inspiración.
Por fin triunfa la esencia pura.

Hoy, mucho más que antes,
nos convoca lo más grande.
A usted y yo nos unió y une
solamente el amor.

Y es que a usted y yo,
en la virginidad del alma,
nunca, ninguna ruina nos separó.



P-Car

domingo, diciembre 14, 2014

Lobo

Tiempo, tiempo, tiempo,
mágico y brutal. Siempre inédito.

Tiempo…
lobo de mirada celeste con entrañas de fango.
Tu fervorosa afición es
aullar operas silenciosas
en montañas de riscos transparentes.

Forjador de la prepotencia.
Ladrón de momentos bellos.
Íntimo amigo del olvido.

Animal sin ley
que en noches de insomnio
te afanas catando lento mi cuerpo
haciendo un bullicio fatídico
con tus colmillos rozando mi piel.

Tiempo gong… ¡eres el peor!
Hoy te pregunto rápido
antes que te esfumes
-tu vocación-
¿Para quién trabajas?
Te llevaste a mi hombre.

Tiempo imperdonable
rudo, hediondo y hambriento constante.
Bestia, ante el dolor de los amantes distantes,
comerciante adinerado de muertes seriadas,
ciego navegante en los mares del karma.

Tú, si tú…, asesino de tiempos mejores
que a mi tristeza te acoplas cual molde de cera
y disfrutas babeándome entera
en estas horas desabridas de vida.

Créeme lo que te digo, porque yo lo creo.
Sin él, estoy enloqueciendo de veras…
y a ti, cada segundo más, te odio.

Lobo, lobo, lobo...
maldito de ojos sin alma
para mi desgracia,
de tu esencia, no puedo prescindir.
Te necesito. Eres el tiempo.
Lo único que me sirve
para volver a sus brazos.

Está bien. Poséeme.
Quiero que comiences rasgándome
desde mi pecho a mi vientre
bajo mi seda azabache.

Lobo…
sin sensualidad
¡devórame!



P-Car

lunes, diciembre 08, 2014

A la hora mía

Más infame que el abandono, la herida y la pérdida. Peor que la pesadilla, el vértigo y el abismo. Mucho más vil que el hastío, la agonía y el desenlace, es… imaginar que pudiese imponerse la hora aciaga, de mi memoria en blanco. El olvido sí sería nuestro verdugo.

Ayúdame a seguir hasta donde deba y entender este conglomerado de muertes. Te pido mi amado, acompáñame siempre, para que el cemento, el padecimiento, el desgaste o los solsticios viejos, no sean la coartada de ninguna amnesia. Que jamás se escape de mis iris tu mirada, ni de mi aprendizaje, el complejo trote que tuviste que dar, por aquellos desechables campos de limoneros secos. Desde tu dimensión y amor incalculables ¡ayúdame! mientras la vulnerable humanidad sea parte de mis debilidades.

Deseo fervientemente que todo tenga su recompensa y que, de una u otra manera, en el instante mandado por Dios - la hora mía - así como la vez primera, querido mío, me des un beso de ensueños. Sí, un beso que me traslade adherida a tus labios etéreos, hacia el misterioso lejos donde tú estás ahora. No me permito errar el camino.

Tengo fe que resucitaré junto a tu corazón de alazán y volveré a tocar tu pecho de cuencas, tapizado de orquídeas salvajes, que me enamoró perdidamente cuando amaste mi piel, al unísono que de nuestra quimera se expandió para el universo, el aroma a transparencia.

Sí amor, aunque sé que reinará la justicia divina, si tu ves que desespero, porque pasa demasiado tiempo, porque me desvío entre inconsecuencias venidas del suelo, o que, por resultado de ser ansiosa, exigente y guerrera, me sienta una romántica testaruda, en medio de desamparos reiterados, te pido, por favor, me derrames cascadas de equilibrio del cielo.

Del mismísimo cielo que auspició nuestro mágico encuentro, cubriéndonos de lunas ámbar la primera vez que hubo luz donada entre nuestras miradas, noche en que se comenzó a escribir esta historia entre las estrellas. Y pensando en lo vivido desde entonces, no puede ser de otra forma.

Todo - todo Amor mío - habrá valido su origen, lugar y efecto; el agua y el océano, la explosión y el nido ciego, el vals y el réquiem, el grito con todos sus verbos, las prosas y los versos, el vino y el veneno. Habernos amado, reído, soñado, confundido, distanciado y sufrido… tuvo, tiene y tendrá un insigne motivo, un egregio sentido, un memorable final sin confines.

Solo dame paz, sabiduría, empeño y coraje hasta que llegue mi bendito instante, aquel momento rezado, en el que me darás nuestro último primer beso, ni antes ni después, sino justo… a la hora mía.



P-Car