domingo, septiembre 18, 2022

Una sola flor

 


Pude haber dicho tantas cosas,

difusas, locas, eróticas, amorosas.

Pude haber pensado tantas otras,

duras, ilícitas, dóciles, justas, pero

dime… ¿Cómo deletrear un adiós?

 

Así tu huella no demarque mis huellas

y tu sombra en otros terruños de sombra,

yo, te capturo dando forma a la estela

de tu sediento aliento y guapa silueta.

 

Y… en este sobrepoblado orbe

distingo tu rostro -mirándome-

entre miles de millones otros

sin pupilas, sin fe, sin norte.

 

Y mi virtud orgullosa

te incluye en mi verdad

siempre cósmica leyendo,

de tu afán, su voluntad.

 

Sí, pase lo que pase,

conmigo siempre estás,

en mi apuesta realidad

colmada de abstracciones  

que danzan y entonan

noches de luna lujuriosas

y sonrosadas madrugadas.

 

Entonces Vida...

¿Cómo decir adiós?

Si lo albino de mi frase…

de filuda hacha… ¡pecara!

pasarías, en un soplo oscuro,

a ser alguien impropio:

un humano ruin, un ser rudo,

un don nadie… ¡un intruso!

 

Y aunque pizcas de todo eso

desunido de tu corazón, adoleces

aquí, mi bien, en este encaje

-de amores con amor sanado-

llano y desnudo, eres mero flujo:

rocío del cielo, templado y claro.

 

¿Cómo decirte adiós? ¿Cómo?...

Intuyo que eso sería algo así como

la exhalación de mi última palabra

enseguida del iracundo instante

de asesina detener -mutilar-

el ritmo amoroso de mi corazón

y el destilar poético de mi alma.

 

No… ¡Nunca te diré adiós! -Amor-

Si no logro siquiera un pétalo arrancar

menos podría, descomponer a dos,

que, con agraciada gala pueden,

en la aridez de la ardua existencia

crear el más exuberante jardín

¡de una sola flor!

.

.

.

P-Car

 


 

Paty Carvajal-Chile

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