Cuando de
niña, alguien se burló de mí, me angustié,
pero luego, por
el lánguido cielo que me cubría
vi que, serena,
pasaba una mariposa blanca
cuya estampa,
en mi alma, atesoré.
Cuando mi
primer amor me murmuró que me amaba
y resultó no
ser cierto, lloré todo un desierto,
pero de
pronto apareció frente a mis ojos
un oasis de
mariposas de colores
y de
inmediato se esfumaron
la decepción
y el quebranto.
Cuando años
después, un ser maravilloso
que realmente
me amó, al cielo se fue
mi corazón se
entumeció de tristeza...
y al suplicarle
a Dios, me llevase con él
una mariposa
dorada se paró en mi pecho
hizo que me
calmara y me dio a entender
que todo mi
mundo, pronto estaría bien.
De quien se
burló, de quien me mintió,
de quien me
amó y tuvo que partir...
hoy recuerdo difusamente
sus rostros
pero a esas maravillosas
alas
nunca he
podido olvidarlas.
Hoy, querido amor...
por puro amor,
vengo a donarte
todas mis mariposas:
las guapas,
las prodigiosas, las traviesas,
las
terapeutas, las sensibles, las poéticas.
Sé que las
cuidarás
-y a mí-
mucho mejor
que yo.
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P-Car
Paty Carvajal-Chile
N°1448 -
05.01.2023
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