Sucederá muchas veces, que llegará a tu ventana una
alondra blanca. Ella, te contemplará sin canto. En realidad, ella no será el
ave que aparenta. Será… mi alma, que deprimida, te buscará, porque en demasía te
extrañará hasta el final de los siglos.
Su amorosa mirada sensibilizará la cumbre de tus
poros y humedecerá como nunca antes, tus ojos. Entenderás que soy yo, y te
debilitarás, pero debes comprender que ella siempre volará justo antes de que acaricies
su plumaje albo.
Sí… ángel mío, que llegaste a mí en el vuelo más puro
y transparente de la esperanza, de tenerlo todo, ya no nos queda nada, más que este
denso silencio que nos distancia y separa. Silencio infectado de antiguos
silencios; mutis que no espera un segundo de tregua, para amargar el borde de los
labios. Labios tan llanos de tu boca y de tus versos, que celosos atesoraban el
sabor de tus caprichosos besos.
Quisiera alzar mi voz, para desintegrar este
silencio en insignificantes esporas, gritándole ¡silencio ignorante! ¡silencio engreído,
que nada bueno traes ni dejas! ¡Vete… y
deja que fluya lo bueno! ¡Silencio… que nunca conocerás el mágico silencio del
cielo!
Pero la mudez de mi tristeza roba mis fuerzas y
aquí me quedo solitaria, sintiendo que la impotencia hace trizas mi pecho,
mientras el otro silencio, se mofa a mis espaldas.
Petrificada de dolor, entiendo entre lágrimas, que
la felicidad reservada para nuestras vidas, ahora será del olvido, el que
ansioso, ya abre su magna boca para devorar este amor y todos los recuerdos que
lo escoltan a su último ocaso.
Me desconozco, sí me desconozco… y es que la
realidad es demasiado irónica. Si soy la misma que hace un suspiro de tiempo, le
sonreía al alba, porque cada noche soñaba que el resto de los amaneceres de mi existencia,
despertaría en el más perfecto silencio de tus brazos.
Mi consuelo, es que esto no será más fuerte, que el
silencio poderoso de la muerte, aquel mutis solemne, que juntará cada otoño, el
polvo gris de nuestras tumbas lejanas.
Lo único imperecedero será que te amo y la alondra
blanca de tu ventana, que sobrevolará el arcoíris del infinito de principio a
fin, buscando sin paz, el mismo azul que enamoró su corazón, la primera vez que
tus ojos, llenos de su esencia…
brillaron de amor.
P-Car









