¿Percibiste el viento? parece ir en duelo
con un aire negruzco, su esencia densa
y, entre estatuas y lápidas, solloza.
Dicen que es por una mujer sin hogar
que lo amó desde pequeña, de siempre.
Inventaba bailes con él, le recitaba versos
a su brisa, a su prestancia, a su fuerza.
El jugaba, la hacía reír alzando su cabello
besaba su piel de anís, sus labios borgoña.
Ella murió en sus brazos, no supo de qué
y está en una tumba, sin epitafio ni flores.
Demasiado triste él, la ronda, la envuelve.
Cada noche -comentan- quiere morir mil veces
abrazado a ella, a sus harapos, a sus sueños.
¡Ay! ¡vamos! ¡qué cosa tan rara!
¿por qué no se irá volando simplemente?
si él es lo que es: no puede amar ni sufrir.
¡no debe! sólo tiene que ser… el viento.
P-Car