Hay una
luminiscencia
que me sigue
donde vaya
cuando mi
alma está triste
y el altar de
mi cuerpo
ha sido
profanado.
Hay un no sé
qué, sanador
-que insiste
y persevera-
proveniente del
todo celeste
que me dice
que estaré bien
y que el
dolor acabará.
Hay una luz
que crece con la fe
de que hay un
cielo y un Dios
que nos ama de
verdad
y que, pase
lo que pase,
desea nuestra
felicidad.
.
.
.
P-Car
N°1406 - 12.09.2022
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será retirada de inmediato)


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