Entre mi ensoñación
y tu sublevación
entre mi cautividad y tu albedrío
entre mi verso y
tu precepto
existe un
momento:
uno solo…
tan efímero como
infinito
tan mortuorio como
salvador
tan quebradizo
como poderoso…
en que podríamos
poseer juntos
la esperanza y el
credo
la plétora y el
triunfo
el lucero y el
tiempo.
Sin embargo, de forma
irónica,
en una disposición
indescifrable
permanecemos tiesos,
grises y mudos
como dos
malditos sentenciados
delincuentes de
su propio existir
reos de su estricta
retórica.
Y cuál ritual intimista
contemplamos con
melancolía
a través de reducidas
pupilas estáticas
cómo la infeliz tarde
se hace trizas
mientras en una
dimensión hermética
nuestras almas,
sufren y suplican.
En insólita
viral arrogancia
no queremos oír su
congoja
pero sí,
sintiéndonos víctimas,
atendemos un gran
silencio estéril
que fragmenta estrellas
¡la noche entera!
hasta la disciplinada
hora
en que feroz e inclemente
se impone
aplacando de
raíz cualquier oratoria
el más frío y
ejecutor alba vivido
en esta bella condenada
historia.
En una pérdida
irrecuperable
el inocente momento,
ya murió
no obstante, por
casta moral del amor
los que no debieran
estar, somos tú y yo
y desaparecer de
la faz de la tierra
sin coronas, poesía
ni perdón
por cobardía y egolatría
¡antes de salir el
sol!
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